
La nanotecnología, que ha permitido la aparición de los dispositivos wearable, no detiene su ritmo y ya comienzan a florecer los implantes bajo la piel
Si hay algo en lo que el grueso de la gente coincide respecto al desarrollo tecnológico que está teniendo lugar hoy en día es en lo rápido que avanza. No resulta extraño que productos que se anticipaban muy innovadores queden sobrepasados en unos meses sin siquiera haber tenido su oportunidad en el mercado. Y los que sí la tienen deben renovarse cada año o cada pocos meses para no quedarse atrás. Por supuesto hay campos más saturados que otros. Mientras el hardware en móviles parece que ha alcanzado una suerte de meseta en lo que a progreso se refiere, todas las capacidades logradas en esta área se están trasladando a los wearable.
Los dispositivos wearable están recibiendo la herencia de las montañas de innovación que se han producido durante los últimos años en la industria móvil. Sin embargo, a este sector aún le queda bastante para despegar comercialmente. Se puede decir que los primeros terminales, smartwatch o pulseras, están iniciando su andadura.
Cuando todavía estos primeros pasos no han encontrado suelo firme ya se está creando otro sector destinado a sustituir a los wearable; y avanza a marchas forzadas. Se trata de los implantes bajo la piel. Es difícil saber si éstos serán una alternativa a los wearable o si convivirán como un complemento más, pero lo cierto es que su concepto parece ser una hipérbole de los smartwatch y similares.
